NUNCA ES DEMASIADO TARDE...
Autor: Annis Torres
OTP: DaeRi
Clasificación: Romance, Drama, Tragedia.
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ONE--SHOT **
“Nunca es demasiado tarde para comenzar… pero siempre será demasiado pronto para terminar.”
--TEXTO DISPONIBLE--
NUNCA ES DEMASIADO TARDE
La cita es en ese viejo café
de la ciudad. Un establecimiento de los muy pocos que aún perduran.
Kang Daesung llegó media hora
antes de lo acordado, se había ataviado con sus mejores ropas pues se trataba
de una ocasión especial.
Cuando su ama de llaves
informó la llamada de una joven mujer, nunca imaginó terminar ahí.
La cita es en ese lugar, a las
seis con cuarto de la tarde.
Acomodó sus gafas, había
estado en tres cirugías de retina, aunque hubo una gran mejoría, ya nada se
podía hacer…la fuerza de la vida.
Estaba orgulloso de no
necesitar un bastón. ¡De ninguna manera! En absoluto tocaría esa cosa. Así que
por eso seguía al pie de la letra todo lo que su médico de cabecera le
recomendara, todo menos el bastón; la silla de ruedas; la molesta asistencia de
una enfermera.
El fruto de su disciplina y
sacrificio de una vida sana. Es fuerte aún.
Suspiró contemplando el lugar
hallándose reconfortado porque es un lugar muy acogedor. Como estar en casa. El
chofer le recogería a la primera llamada que hiciese, por tanto, la situación
era perfecta.
Meditó largos minutos si tenía
todo en orden, después de un chequeo veloz concluyó que no olvidó nada así que
sonrió.
Entonces la vio ingresar, la
joven entraba por la puerta del establecimiento.
Daesung contuvo el aliento por
segundos. Se descubrió inusualmente emocionado, quizás porque finalmente le
vería.
La chica vestía modestamente,
el cabello azabache recogido en media coleta que caía en suave cascada por los
hombros así como el resto de la melena. La brillante piel blanca como la
porcelana, los ojos llenos de vida rodeados de muy tenues ojeras, los labios
pequeños apenas tocados con un color rosa pálido. Era sin duda, su viva imagen.
--Buenas tardes. –Se levantó al verla
acercarse a su mesa.
--Buenas tardes,
Señor. No se hubiera molestado. –Respondió con voz suave.
--Ninguna
molestia.
--Muchas gracias
por venir.
--A ti, por
llamar.
--Tenía mis
dudas respecto a este encuentro. –La chica hizo una reverencia.— Muchas gracias por venir, Sr. Kang.
--El agradecido
soy yo, lo dije antes… -Repentinamente se quedó callado, sin ser capaz de continuar debido a
la emoción de su corazón.
--Él… -Por fin le mencionó,
automáticamente sus ojos brillaban.— Él…
espera fuera.
Daesung sonrió con una frágil
suavidad. Tanto tiempo sin conocer noticia alguna de él, y ahora, estaba a
punto de volver a tenerle frente a frente.
--¿Vendrá aquí,
o…? –Se
apresuró a interrogar con la imprudencia de un niño.
--Oh, por
supuesto que estará junto a usted en esta mesa, solo vine a asegurarme. Él está
muy delicado de salud, no puede tener grandes impresiones. También ansía verle
y la sola sospecha de una decepción lo destrozaría.
“Él está muy
delicado de salud”
Su corazón se estremeció de
dolor que en años había vuelto a experimentar.
Se sintió arrogante al
enorgullecerse –minutos atrás- de su buena salud. No obstante, <Él> era
fuerte, siempre lo demostró. ¿Qué había pasado?
--¿Mejorará
pronto?
El semblante de la joven
decayó.
--Esperó que eso
suceda.
–Respondió negando suavemente. La voz fue un hilillo roto.
--Bueno, uno
nunca sabe lo que depara el destino. Quizás, ocurra. No hay que perder la FE. –Intentó consolar aunque por
dentro tuviera más cuestiones.
Tras un par de presentaciones
de cortesía, la amable señorita salió.
De vuelta en soledad y en la
silla, muchos pensamientos surcaron su mente. Intentó relacionar algunos
hechos, pero su análisis no duró tanto como hubiera querido, aunque teniendo la
razón frente a sus ojos tampoco refutó… porque la chica regresaba a su mesa,
acompañando del brazo a un hombre mayor, con la espalda un poco encorvada, los
cabellos desteñidos igual que los suyos, la brillante piel blanca salpicada de
diminutas pecas producto del típico cáncer solar que en años mozos a exposición
al astro rey se encargaron de grabar, la misma mirada caída con pupilas vivaces;
ahora bordeada de esas pequeñas arrugas y esa sonrisa que una vez fue burlona
pero que ahora era… dulce.
--Hola. –La voz salió ronca, poco
propia de esa persona.
--Hola. –Respondió sonriendo y
comprimiendo las ganas de echarle los brazos alrededor de los hombros –la
represión a la que se acostumbró con los años-.
--Les dejaré a
solas para que tengan más intimidad. –La señorita, intermediaria de la cita, rompió el
intercambio de sonrisas.— Estaré en otra
mesa. ¿De acuerdo? Cualquier detalle, el que sea por favor presione el botón del
localizador y yo vendré. –Con el cuidado de una madre, la jovencita ordenó
al hombre que llevó hasta el lugar de la mesa.
--Sí, sí…
escuché.
--Muy bien.
Entonces, disfruten su cita. –Sonrió de manera rara, pero pronto hizo una
reverencia a Kang y desapareció de sus cercanías.
--Buena chica,
¿Cierto?
–Ese, fue el temible Lee Seunghyun que usaba un tono sumamente cariñoso.
--Sí, tienes
suerte.
--Heredará todos
mis bienes.
–Asintió.- Me hubiera gustado que fuese
mi hija… o mi nieta… lamentablemente es mi sobrina. Le he dicho a Hanna que me
la dé en adopción, pero se niega.
--¿Es tu
sobrina?
–Cuestionó intrigado, por un momento Daesung creyó que era su hija pequeña.- ¿Y
tus hijos?
La sonrisa fue melancólica.
--No lo sé…
hablé con ellos por teléfono hace seis meses.
Kang sintió el rostro arder de
vergüenza porque él estuvo pensando en lo afortunado que era al vivir mimado
por sus hijos y nietos. A veces, peleaban entre ellos para tenerle unos días.
Daesung se había convertido en lo que se llama “Abuelo peregrino”; dividía su
año en temporadas y las pasaba con un familiar diferente, haciendo rotación. En
cada hogar tenía una habitación donde quedarse, ropa limpia que usar, y una
maleta junto a la puerta que intercambiar. Comía sus platillos favoritos, y los
niños le daban golosinas que compartían de contrabando.
Había esperado que su vida
hubiera sido tranquila, en un retiro para adultos mayores como la gente normal,
pero no, lo de él, a su edad, era viajar por el ancho mundo. Su pasaporte
llevaba un registro electrónico elevado. Pronto viajaría gratis en avión debido
a que era un usuario asiduo. En Enero estaba en Nueva York, en Abril en Japón
para ver el florecimiento de los Sakuras, en Octubre en Italia… su guarda ropa
se renovaba demasiado a menudo, no podía decir que tenía una prenda favorita
que usara seguido. No importaba la ropa, ni la nación en la que se encontraba,
lo realmente importante era que es amado y vive rodeado de su familia, algo que
por la triste sonrisa de “Riri” le decía que no tenía.
Él estaba solo…
--¿Cuándo fue la
última vez que los viste?
--Hace dos años. –Desvió la mirada, como
avergonzado.- Patético ¿O no?
--En realidad…
es triste. Muy triste… ¿Vives solo?
--De nada sirvió
que yo…
Ambos sintieron el mismo
dolor. Un dolor lacerante.
--Ya no importa.
No importa.
–Quiso cambiar el tema de conversación.- Nunca
es demasiado tarde para empezar. ¿Cierto? Mírate... estás aquí. Yo soy muy
feliz de verte.
Algo en la expresión de Lee
Seunghyun le llamó la atención. Iba a preguntar cuando un mesero fue hasta
ellos y les ofreció el menú. Los dos concordaron en un café descafeinado con
leche deslactosada y sustituto de azúcar libre de calorías.
--Siento lo de
tu esposa.
–El menor de los dos habló.
Kang Daesung sonrió como quien
recuerda a un ser querido que ha dejado de sufrir en un mundo cruel y que ahora
yace en paz.
--Gracias. Pero
hombre, eso fue hace como dos décadas. –Sonrió. El tiempo curaba las heridas, aunque nunca
la amó fueron grandes compañeros de vida. La respetó y le guardó luto por diez
años. La pareja se despidió con todos los desacuerdos disueltos, con todos los
rencores sanados, con los secretos revelados y las traiciones perdonadas. Ella
murió sonriendo y dejando la última de sus oraciones a su felicidad desde lo
que le quedara en vida hasta la eternidad. Por eso él, no podía olvidarla,
inclusive llevaba la sortija de bodas.— Mi
querida esposa. Dejó de sufrir en carne y alma… se fue sin penas ni odios.
--Te fue bien.
Te dio una maravillosa familia, me siento envidioso. Aunque no cambiaría a mi
pequeña Min Hae por nada.
Y de nuevo Kang Daesung
recordaba la soledad de Seunghyun.
--¿Por qué…? –No sabía si era correcto
cuestionar algo tan personal.
--¿Algún hijo
perdona a su padre que está enamorado de otro hombre?
--¿Qué…? –Casi le da un paro al
escuchar semejante revelación que el menor soltaba como si fuese un asunto sin
importancia.
--Mi ex esposa
no es tonta.
–Tampoco había ira en la mención de esa mujer.- Después del divorcio, se lo dijo a nuestros hijos para asegurar su
lealtad. Con eso, me arrebató a Seungho, y a Sunhye. Sabrá el diablo lo que les
habrá dicho a lo largo de su adolescencia, pero después, dejaron de querer
verme.
--¿Cómo es qué…?
--Se lo dije yo
en un arrebato de cólera. –Dijo encogiendo los hombros.- Se
me salió.
--Seunghyun… -Frunció el ceño enojado.
Dios, ¿Cuánto sufrimiento no padecieron esos chicos? ¿Cuánto daño habrá
provocado el trauma de saber que su familia no era tal? ¿Sería un daño
irreparable? Se sintió culpable.
--No vine hasta
aquí para hablar del pasado. –El otro elevó una décima el tono ronco.
--Eres un
egoísta.
--Mira quién
habla.
Entonces el pasado, del que
supuestamente no debían hablar, se reveló ante ellos.
--Yo estaba
confundido en esos momentos. Tú tampoco ayudabas mucho que digamos.
Lee Seunghyun, el imponente
hombre de los medios de comunicación y la farándula asiática, enarcó una de sus
cejas de la misma manera en que intimidaba a los juniors que las agencias le
llevaban para que les conectara, pero obviamente eso no funcionó con Kang
Daesung, claro, hasta que esbozó la sonrisa burlona.
--Aunque, el que
me la hace… me la paga.
--¿A qué te
refieres?
El tema quedó zanjado en
cuanto su orden estuvo lista y el mesero, ignorando toda la conversación,
acomodó el par de tazas de café descafeinado con leche deslactosada y sustituto
de azúcar libre de calorías.
En su juventud hubieran
continuado ensañados en la discusión, pero ahora no, porque inclusive esa
discordia verbal estaba siendo atesorada con recelo en sus almas, era un
momento muy suyo, inclusive esa disputa les emocionaba. Dedicaron en deleitar
los minutos en silencio y disfrutar de la bebida.
--Delicioso.
--Sí, sí… debo
decir que nada mejor que el de este lugar. Ninguna cafetería en europa se
compara. Sin menos preciar, obviamente.
--Tienes razón.
La única vez que sentí cercano el sabor fue en Singapur.
¿Qué tenía de especial ese
café? Nada, no era realmente el sabor de la bebida lo que realmente les gustaba.
Sino el recuerdo que representaba. Las tardes libres en que escapaban cuando
fueron Bigbang y tenían… “citas de amigos” bebiendo algo que les resultaba
sumamente amargo pero que no dejaban de beber. Adoraban ese café, porque
contaban con la compañía del otro. La época en que inconscientes estaban a
punto del apogeo de un romance peculiar.
--Te amo. –Lee Seunghyun soltó
suavemente, como si susurrara una canción de cuna. Pretendía acariciar a ese
viejo amor con el tacto de sus palabras.
--Seung… no creo
que…
--¿Por qué…? Te
amo, Kang Daesung. –Reafirmó.-- Lo sabe mi ex
esposa, mis hijos, en un futuro mis nietos. Inclusive lo sabe mi sobrina Min
Hae. ¿No eras tú el que dijo “Nunca es demasiado tarde para comenzar”?
Una mano surcada en pliegues
de fina piel, demasiado delgada de lo que algún momento fue, se posó sobre la
del mayor. Es suave y cálida.
--Supongo que
sí...
–Suspiró, cansado de soportar la represión. Volvió su mano y aprisionó a la
otra con una delicada fuerza.- Esto a
nuestra edad es vergonzoso, pero… Te Amo.
--Me parece que
siempre hemos sido una pareja incomoda. –El níveo sonrió.- Nos da estilo.
--Dejamos
demasiado tiempo.
--Pienso que no
era el momento.
--Te extrañé
mucho.
--Una llamada y
pude tenerte para mí. Un solo movimiento y estaría a tu lado, pero… -Detuvo unos momentos en lo
que pensaba las palabras.- Al ver que
eras feliz. No tuve el valor de hacer algo al respecto.
Aquello le conmovió.
--¿Qué pasó con
el Lee Seunghyun egoísta? Ese no es mi Seung. –Bromeó.
--Maduró.
Comprendió que el rumbo que tomó sus caminos era quizás el correcto. Si no se
valoró en su tiempo, se hace posterior a la pérdida.
--Te escuchas mucho
más anciano que yo.
--Gracias por
venir a la cita. –Miró las manos entrelazadas.- Temía
que no quisieras estar conmigo.
--Me tomó por
sorpresa, pero en cuanto mencionó tu nombre sabía que debía ir. Ha sido mucho
tiempo de espera. Habría venido al llamado de cualquier forma.
--Fui cobarde.
Demoré mucho en hacer esto porque no estaba seguro si era el momento indicado.
--El cobarde
siempre he sido yo ¿Recuerdas?
Las horas pasaron volando
hablando de tantas cosas importantes, hasta de cosas simples sin ningún
trasfondo. Sentían que habían vuelto a la juventud y actuaban torpes. Pero eran
dichosos de tenerse nuevamente.
Eran las ocho con cuarenta,
cuando las palabras apaciguaron su fluidez. Se avecinaba la despedida.
--He disfrutado
mucho esto. ¿Podemos hacerlo nuevamente? –Kang Daesung sonreía y pedía como niño caprichoso.- Claro, si tu agenda lo permite. Yo estaré
libre estos dos meses.
--¿No lo sabes?
Hace un año que estoy retirado.
--Pero continúas
viajando.
--Todo el dinero
que quise tener, las amistades poderosas que añoré. Inclusive la presencia de
la persona que más amo… pero la salud no se compra. ¿Cierto, Dae-ah?
Kang recobró el interés sobre
la precaria salud.
--Min Hae dice
que estás muy delicado. ¿Qué es lo que tienes? Mi médico es muy bueno, si dejas,
hago una cita para mañana…
--No soy
religioso, recordarás. Pero ¿Sabes? Yo le pedí a Dios que me permitiera volver
a verte y responder a tu confesión de hace muchos años. Ahora que lo he hecho,
no me queda nada más.
Por un momento Daesung creyó
que iba a morir. El alma se le estrujó de dolor al escuchar aquellas palabras. Algo
se quebró en su viejo corazón tan lleno de amor.
Dejó de importar el recuerdo
de su esposa…
Dejó de importar sus hijos…
Dejó de importar su buena fortuna…
Porque comprendió
perfectamente aquello.
La cita no era para un re
encuentro… era una despedida.
Bajó la cabeza, le dolía
demasiado.
--Ahora entiendo
cuando dijiste que, el que te la hace te la paga. –Sonrisa amarga intentando
desesperadamente ocultar la tristeza.
--Es mi
venganza, babo.
–Sonrisa amarga intentando desesperadamente confortar.
--Eres muy
cruel. –Se
negaba a verle porque si no iba a llorar, pero no quería perder nada de lo que
le quedara de esa persona que ha amado largamente en secreto.
--Tú te casaste
antes.
--Embarazaste a
esa mujer.
--Te enamoraste
de dos personas al mismo tiempo y con ellas mantuviste una relación.
--Te dije que
estaba confundido.
--Pero al final decidiste
por ella. Yo no pensaba casarme, iba a cumplir como padre, no como esposo. Lo
hice por presión y decepción. Sin embargo, tú lo hiciste porque adorabas a esa
mujer. Fue ella la que terminó pasando los años a tu lado, fue con ella que
formaste una maravillosa familia.
--Lo siento
mucho… --Cada
palabra había sido esperada. Porque en su momento no hubo reclamos, sino fría indiferencia.—
Pero, te elegí como la persona de mi
corazón.
--Daesung… te
confesaste, a dos horas de mi matrimonio. Me pediste que no lo hiciera e
insinuaste que fuera tu amante. Tu esposa esperaba a tu primer hijo. Fuiste un
cretino egoísta.
--… -Se quedó sin argumentos para
forzarle a quedarse a su lado.
--Pero eres el
cretino egoísta a quien más he amado y sigo amando. –La segunda mano blanca,
delgada y surcada de suaves pliegues de piel, que pertenece a Lee Seunghyun se
posó sobre la de Kang, también blanca aunque no tan traslucida como la otra,
aunque sí llena de arrugas que implican el paso del tiempo en una larga vida.
Logrando que poco a poco subiera la mirada.
--Seung…
--Los dos, lo
tuvimos difícil, después de todo ¿O no?
--Nunca he sido
bueno para los sentimientos.
--Y yo siempre
he sido un exagerado. Lo compensamos.
--No quiero que
te vayas. –Rogó.-
No hemos comenzado a vivir por los dos.
Es justo que ambos dediquemos lo que nos resta en nuestro amor.
--Que siga aún
aquí, hablándote, es un milagro.
--Nunca es
demasiado tarde para comenzar.
--Pero siempre
será demasiado pronto para terminar.
Si hubiese querido, Lee
Seunghyun lo hubiera rechazado, no obstante, al final no fue posible. ¿Negarle
algo al ser que más ama?
Kang Daesung regresó al
terminar la velada, pero no fue a su hogar. Él se fue con el menor de los dos.
La dulce hija de Hanna, se marchó cuando les hubo dejado en la enorme casa en
que habitaba el poderoso “Seungri”.
Las paredes, el piso, los
adornos y muebles… todo exquisito como se esperaría de una persona importante y
de mundo. Sin embargo, había brechas por donde la soledad y la tristeza se
escabullían dejando su helada esencia en el ambiente. Se notaba que eran
señoras reinas del inmueble.
¿Cuántas veces no habrá
querido Seung tener alguien a su lado para mirar la tv recostado sobre ese
lujoso sofá?
¿Cuántas veces no habrá tomado
sus alimentos específicos, solo, en esa larga mesa para doce personas?
¿Cuántas veces no se afligió
ante el eco de sus pasos por los deshabitados pasillos de la casa?
¿Cuántas veces… no le extrañó
tanto como él?
--Ahora estoy
contigo.
–Susurró.
Fueron encendiéndose las luces
que para sorpresa, eran de un amarillo cálido, artificio para crear un
sentimiento de hogar que claramente no existía. La cristalería brillaba en sus
repisas, y ese aparato de audio reprodujo una melódica canción que fue
escuchada centenares de veces.
Las medicinas estaban en una
mesita, las tomó y conforme al orden estipulado las fue ofreciendo.
Hubo una cena para dos en esa
gran mesa. Daesung cocinó para Seunghyun. El otro tan solo aguardaba en su
lugar. Continuaron conversando, ahora de todo… del ante pasado, del pasado y el
presente. Se impidió a toda costa mencionar el futuro.
Min Hae regresó junto con un
par de enfermeras que se llevaron a Seungie para un reconfortante baño, Dae
esperó en el dormitorio inspeccionando la cama matrimonial que se veía no haber
sido compartida en largo tiempo, en el escritorio donde hojas llenas de
memorias yacen abandonadas, el armario provisto de toda prenda de diseñador,
las fotografías de sus hijos… y descubrió un retrato de ambos en esos años de
jovialidad –el corazón se apretujó nuevamente ya que él se iría demasiado
pronto-, cuando le regresaron olía a lavanda.
Refunfuñando, el otro se
acomodó en la cama sobre la cual Kang lo arropó y luego sus manos se
estrecharon.
Min Hae tenía los ojos
llorosos, se quedó en la entrada de la alcoba… la puerta se quedaría abierta a
la espera de aquellos familiares o amigos que acudieran al llamado de la joven
sobrina. Porque Seunghyun moriría, se sentía en el ambiente y en su persona.
La pareja de ancianos
conversaban en susurros que nadie quiso escuchar realmente porque era un asunto
privado.
--Y entonces
pensé… “Debería llamarle”, sin embargo era fácil decirlo mas no hacerlo. Minnie
arrebató el móvil y como si fuera Cupido sentenció la cita. Fue bueno ¿No
crees?
--Sí, de ninguna
manera lo hubiéramos logrado los dos.
Los ojos se fueron cerrando un
poco.
--Me siento
cansado.
--Entonces,
descansa.
--No quiero… -Apretó el agarre de las
manos. Era el inevitable suceso.
--Ya no estás solo…
Min Hae está aquí, Hanna acaba de llegar según escuché… y yo, yo estoy aquí. Me
quedaré hasta que partas. Estaremos separados un corto tiempo, luego, iré
contigo. Recuperaremos todo el tiempo que perdimos por nuestros orgullos, por
mis indecisiones. Te compensaré. Lo juro. –Lo dijo acariciando esas manos delgadas.
--Nunca es
demasiado tarde ¿Verdad, Dae-ah?
--Nunca lo es.
Lentamente, muy lentamente la
muerte llegó acompañada del letargo para llevarse al condenado a la dicha
eterna. No hubo retrasos ni contratiempos, tan suave como la brisa de
primavera, tan fría como la nieve del invierno, y tan melancólica como las
tardes del otoño… la dama de negro, apagó el corazón.
La mano que estuvo sosteniendo
Kang Daesung, para él, nunca perdió calor. Los parpados cerrados con
delicadeza, los labios en medio de arrugas esbozaron una sonrisa tranquila. Tan
propia de quien duerme apaciblemente. Para el mayor, Seunghyun dormía.
Demasiado tarde llegaron los
hijos de Lee. Él tenía días de haber partido. Los funerales –porque fueron más
de dos- se llevaron a cabo según el testamento; el de cuerpo presente sería
íntimo, solo un cerrado puñado de seres queridos. Cuando el cuerpo cumplió el
mandato de Dios “Polvo eres y en polvo te convertirás”, Min Hae y Daesung solamente
estuvieron presentes. El funeral emblemático fue público, se le veló como el
personaje que fue en vida.
Especificado en sus deseos
moribundos, en la lápida donde descansarían sus restos estaba una leyenda un tanto
inexorable para unos, mas para otros es una enseñanza sobre la valoración de la
vida, porque solo se tiene una:
“Nunca es
demasiado tarde para comenzar, pero siempre será demasiado pronto para
terminar.”
.
.
.
.
FIN.
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NOTAS DEL AUTOR:
Holaaa! ~(°u°)~!!
¡Nos volvemos a leer! ^^
¿Cómo han estado? ¿Qué tal la
celebración de Xantolo? :D Coman muchos tamales, pan de muerto, dulces, beban
chocolate caliente… y visiten a sus seres queridos que ya no están en este
mundo.
¿Les gustó el On-eshot?
¿Alguien más, aparte de babybeta y de mí soltó mínimo una lágrima?
Bien, este es un Fic en el que
se me fue el corazón.
Todo comenzó cuando escuché
por primera vez, la canción de Beast titulada “Tonight, I’ll
Be At Your Side”; el penúltimo Track del álbum GOOD LUCK. Desde la primera vez que
escuché los acordes…me enamoré de la melodía desconociendo la letra (aún lo
hago, no tengo idea de qué trata) y me inspiró este fic. Estaba yo de viaje
hacia la ciudad de Pachuca, Hgo…así que puse mi lista de reproducción del
celular y comencé a escuchar el nuevo álbum de beast, tenía mucho tiempo (6hrs
de recorrido desde mi ciudad natal), la historia se fue escribiendo solita en
mi mente.
No sé por qué pero la primera imagen que me llegó fue la de un par de
ancianos en un café, dispuestos a reconciliar su vida y a deshacerse de los
rencores del pasado.
Me atreví a imaginarme a esta otp en la vejez, e intenté plasmar los
sentimientos que me embriagaron, este fic nació en las “notas” de mi móvil el
día 29/Jul/2014 a las12:49pm. (sí, ahora pongo fecha y hora para recordar desde
cuando comienzo un fic).
Cada vez que veía el borrador en mi móvil, una sonrisa se dibujaba en mi
mente y pensabe “tengo que terminar el fic DaeRi de ancianitos” XD hahaha,
sentía realmente bonito pensar en esta historia que ahora tuve el valor de
compartirlo con ustedes.
Me gustaría (casi siempre lo pido) que dejaran un comentario sobre sus
opiniones-pensamientos-sentimientos respecto a este fic, procuren no ser
groseros, siempre se pueden decir las cosas de la mejor forma.
Muchas muchas gracias por leer este, fic.
¡Nos leemos pronto!
:*

llore llore tanto que es vergonzoso, en el trabajo, me preguntaron si estaba bien...sabes lo mal que quede y lo peor es que no podía parar, porque me hiciste recordar mi propia fragilidad, nunca he vuelto a ver a aquel del que nunca me despedí, y no lo haré..pero ahora pienso que me gustaría tener una muerte tan linda como la esposa de Dae tuvo, como Seung la tuvo, con las personas a quien amaste a tu lado.
ResponderEliminarQue puedo decirte, desde la primera vez que te leí, decidí que siempre te leería, asi que una vez mas has subido mi corazon hasta el cielo después de destrozarlo.
Me encanto fue maravilloso y especial. gracias por compartirlo, te quiero