OPORTUNIDAD
Autor: Annis
Torres
OTP: DaeRi
Clasificación:
Romance, Universo Alterno, Lemon.
** ONE--SHOT
**
"Se vale otra oportunidad ¿Cierto?"
--- TEXO DISPONIBLE ---
Oportunidad
Otro día…
¿Cuánto más
seguiría así?
El tiempo
continúa su curso, no obstante, él se ha detenido.
Nunca antes le
había pasado algo parecido, y aunque repasaba lo sucedido una y otra vez, nada
fuera de lo común ocurrió.
Mira el
calendario digital… oh, genial.
Ya son cuatro
años, dos meses, una semana y tres días.
¿Quién lo
diría? El tiempo pasa volando ¿O quizás era él quien finalmente se percataba de
la temporalidad de la realidad?
Frunce el ceño
molesto. Esto de ninguna manera debe ser bueno.
Mira al lado
de su cama, otra chica sexy desconocida… suspira. ¿Volverían a golpearlo si la
echaba de su casa en ese mismo instante?
Pensar es
malo. Así que mejor deja la cama… el ambiente fresco recorre cada fibra de su
piel desnuda pero ello no le importa. Camina descalzo, se inclina en el suelo a
recoger solamente su ropa, su camisa y los bóxers serán sus prendas esa mañana.
En lugar de ir al baño a quitarse el sudor ajeno, el perfume Coco Chanel N°5 y
librarse de los fluidos femeninos como realmente le urge, no precisamente por
cuestiones higiénicas (hubo una vez en que no deseaba quitarse el olor de otra
persona, claro, hace mucho, pero mucho tiempo), desvía su andar marcando como
destino final el segundo lugar más seguro… la cocina.
Del frigorífico
extrae una cerveza bien fría. Abre cuidadosamente la lata para evitar el exceso
de ruido que pueda despertar a su amante de paso (no está de humor para tolerar
melosidades ni dramas, solo quiere que la tipa que ya ha cumplido su función
como hembra, salga de su apartamento veloz y silenciosamente), estirará el gozo
de esos momentos de silencio.
¿Por qué la
trajo? Porque se sentía solo, estaba ebrio y se encontraba desesperado por
saciar esa hambre.
¿Desesperado?
Sí. ¿Hambre? No, realmente no sabe cómo llamar a ese agujero negro en su pecho.
A ese maldito vacío que le abstrae del mundo (un día se hace monótono tras
otro, aunque sucedan cosas sorprendentes, como la boda de su mejor amigo, su
reciente ascenso laboral. Todo es igual de gris) como un vampiro sediento de
sangre caliente que no piensa en nada más que sangre. Solo es consciente que
esa “hambre” no le deja vivir, ni siquiera el sexo le interesa… pero
estúpidamente guarda la esperanza de un milagro, despertar –con quien sea- a su
lado de la cama y no sentir más que paz, saciedad y… si se puede, calidez.
El sonido de
un trueno rompe el silencio.
Otro día más,
otro Jueves lluvioso. Otra rutina más…
.
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Dos horas
después, el agua caliente resbala por su cuerpo, solo en esos breves momentos,
se siente reconfortado. El vestigio de su amante ocasional se desvanece
rápidamente así como lo ha hecho la mujer; posterior a la bofetada propinada cuando
ésta al despertar, y hallarle en la cocina, en lugar de recibir un beso húmedo
con un “hola, linda”, recibió un “hum, ¿Ya te vas? Tengo trabajo” con la misma
frialdad con que un jefe trata a un subordinado.
La mejilla
arde un poco, pero no tanto como el descubrir que esa “hambre” (vacío) continúa
enterrada en sus entrañas. Cierra con
fuerza los ojos, aprieta la mandíbula como un animal encabronado y entonces,
cuando no puede más con su frustración… arremete un duro puñetazo a las
baldosas firmemente adheridas a la pared del baño. La mano duele, pero no tanto
como ese infernal vacío.
Será otra
semana dura de continuar existiendo.
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Escucha
parlotear a los socios sobre su buen desempeño laboral, considera una tontería
la efusividad con que su jefe le trata por el reciente éxito en el negocio, le
asquea los elogios de sus subordinados y aunque lleva su sonrisa hipócrita,
todos le creen. Él solo quiere encerrarse en su habitación a dormir. No quiere
alcohol, no quiere ruido, no quiere música, no quiere luces, no quiere chicas
ni chicos, no quiere sexo… solo, solo quiere dejar de sentir ese vacío.
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¿Cómo es que
terminó en ese restaurante bar de un hotel cinco estrellas? Parpadea y se
recuerda que aceptó la invitación de uno de los socios para tomar un par de
tragos. Ha fingido por una hora que está ebrio, bueno, sí, ha bebido unas diez
copas del más fino licor pero hasta ahí. Además, tiene buena resistencia.
Escucha reír y
hablar obscenamente a sus superiores. Suenan tan corrientes. Esto acrecienta
sus ganas por largarse. No ha dejado de llover.
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Conduce
desganado hacia su hogar, sus ojos están por cerrarse después de pasar la luz
verde. Entonces, al cruzar una avenida, el fuerte sonido de un claxon le
asusta, gira apenas de milagro y evita un lúgubre funeral. El otro vehículo, ha
derrapado por la calle pero también logró detenerse justo a centímetros.
Alarmado, suelta una maldición como parte de una reacción libre del shock.
El parabrisas
le impide observar al conductor contrario por largos minutos, la copiosa lluvia
es una cortina pesada. Su corazón que estaba calmando su latir recibe un golpe
de adrenalina no porque el otro conductor dejó la seguridad de su carro para
tocar sorpresivamente su ventana… si no porque cuando bajó el cristal,
identificó plenamente al hombre que desfiguró el semblante preocupado para
marcar una sorpresa.
--Seung…
Su voz, su
condenada voz otra vez. Apretó los ojos, se tensó como un felino que se prepara
para atacar a una presa indefensa. Y
aceleró sin pensar… solo quería ir lejos. Huir de él y su recuerdo.
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Ahora son
cuatro años y tres meses exactos.
Se golpea
mentalmente por la estupidez que cometió hace semanas en esa madrugada de
lluvia copiosa. ¡Era él! ¡¿Y qué hizo?! Huyo como el cobarde que es.
Cada mañana
desde ese evento, se tortura mentalmente. Ya no puede con su vida, no le
apetece trabajar más, no le interesa sus seres queridos, no ha tenido sexo.
Solo quiere
dormir… dormir sin soñar ni pensar. Pensar es malo… porque piensa en él.
Ya no come
bien, se salta comidas… ¿Qué sentido tiene comer si no disfrutas su sabor? Todo
le sabe simple.
Ya no duerme
bien… tiene insomnio.
Hasta que
colapsa en el trabajo su jefe le saca tarjeta roja y le envía a su apartamento.
Así que ahora
está ahí, solo… pensando.
Había sido un
encuentro casual como todos sus otros encuentros. En un antro-bar, coqueteó
como siempre lo hacía y nunca se le resistió más de la cuenta, tuvieron sexo
casual como lo hacía con los demás… se encariñaron como suele ocurrir.
Iniciaron una relación nada especial, del mismo tipo que tenía con alguien que le
gustara demasiado… y terminaron antes del trimestre, como normalmente pasa.
Entonces, ¿Qué hizo diferente esa relación; esa persona? No lo sabía. ¡Joder,
no tenía la respuesta! Solo era consciente que su ausencia comenzó a doler,
justo como las demás relaciones fracasadas anteriores, pero en lugar de que
fuera atenuándose ese dolor, éste fue nutriéndose, alimentándose y arraigándose
en sus entrañas.
Demasiado
tarde se percató, hasta que fue contando el tiempo que iba transcurriendo.
¿Acaso se…enamoró? ¿Cuándo ocurrió eso?
La realidad
solo le deprimía y tan solo le apetecía morir de una jodida vez.
.
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Esa noche fue
al mismo bar de siempre impulsado por un arrebato de coraje. ¡Cuatro malditos
años con sus tres meses! ¡Y era el único imbécil que sufría por la estúpida
ruptura! ¡¿Qué tenía que hacer para arrancarse esa mala hierba?!
Los amigos, si
a los compañeros de juerga se le pueden llamar así, se emocionaron al verle.
Casi al instante en que su trasero se pegó al asiento se hizo un brindis de
júbilo por su presencia.
--Hombre, ¿Tú
también aquí? Ven, ven… es como si fuera una reunión de fraternidad. –Un
escalofrío recorrió su espina dorsal.
--Si no les
molesta. –Su voz, su odiosa voz. Su instinto le dictaba que emprendiera la
huida, su lado racional, por otra parte le recordaba que sería sospechoso si se
iba sin más. El tipo tomó asiento frente a él, como una pésima broma.
El resto de
los presentes, despreocupados y ajenos al pasado (nadie recordaba su relación
con el sujeto) se dedicaron a beber, tragar, beber y hablar de obscenidades.
¿Por qué se juntaba con gente tan corriente? El recién llegado solo conversaba
con los pocos lúcidos.
Ah, así que
tres años posterior a su ruptura estuvo en Japón disfrutando de todo. ¿Y el
último año con tres meses qué estuvo haciendo? ¿Contando ovejas? Su rabia
crecía aunque sabía perfectamente que el individuo producto social de su clase
acomodada no tenía culpa de que su estúpido corazón se enfermara de dependencia
post romance. ¡Cómo jodía Cupido! Malditos fueran todos.
Cuando su lado
racional le convenció de lo suficientemente ebrios de los “amigos”, y que el
tipo del que parecía tener una obsesión estaba distraído, supo que su ausencia
no sería recordada. Se levantó sigilosamente, dejó su cuota de la cuenta sobre
la mesa indicando con señas a la linda camarera que había dinero para ella
también, se fue sin volver a atrás.
--Tengo la
impresión que huyes de mí. –Maldita es su suerte. El sujeto le ha seguido hasta
el estacionamiento.
--Y el egocéntrico
soy yo. –Soltó haciendo uso de su máscara.- ¿Qué quieres? ¿Un poco de diversión
en mi cama?
--¿Tú, no?
–Soltó indiferente.
--No tengo
humor, Kang. Pero si regresas por el lugar donde saliste encontrarás buenas
chicas y chicos. Te los recomiendo.
--¿Te refieres
al bar o a Japón? Escucho cierto recelo en tu tono. –Continuó. Ya no era el
mismo idiota lindo que recordaba. Ahora era un completo patán que le trataba
como una puta. Dolía.
--No siempre
se está uno de humor. ¿O.K? –Se volvió para enfrentarle.- Vete a metérsela a
alguien más.
--Sucede que
tengo ganas de ti. –Sujetó el brazo para acercarse.- ¿Por qué huiste de mí
aquella noche?
--¡Suéltame!
–Se agitó con violencia y se libró.- Solo no quería ver tu cara.
Soltó de
manera recriminatoria.
--Esa es una
verdad a medias… quiero escuchar la versión completa.
--¿Y eso a ti
en qué te beneficia?
Si esperó una
respuesta, ésta no llegó de manera linda. Su rostro fue empujado con torpeza
(la misma torpeza que recordaba) y le empinaron unos labios carnosos,
hambrientos como jamás hubiera esperado de alguien, fue dominado con un brío
más semejante a la violencia que al cariño.
Intentó
alejarse, los labios mordían con brusquedad. Cuanto menos se percató, una
lengua se adueñaba de su aliento con la confianza de vieja conocida.
Con algo de
dificultad pudo aferrarse a la espalda enemiga y al parecer esto dio una
respuesta equivocada porque el ahínco del beso fue mayor. ¡Él quería alejarlo,
no que continuara besándole!
--B…Bastardo.
–Escupió con rencor cuando el húmedo beso fue roto. Su pecho se agitaba en un
desesperado intento por recoger oxígeno. Pero si creía que el ex novio se
aplacaría, al sentir la dentadura sobre su cuello fue una confirmación de que
no sería así.
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Estaba siendo
torturado deliciosamente contra el colchón de la cama. Las embestidas fluían
con la furia de una bestia en celo. Ni siquiera recordaba el dolor que le
provocó el olvido de cuatro años, tres meses y un día.
Sus mejillas
ardían como si tuviera fiebre. Demonios, ahora era consciente que el sexo era
de lo mejor. El pervertido de clóset sabía cómo desestabilizar su salud mental,
sabía cómo reducirle a tartamudeos incoherentes, jadeos cortados y gemidos
ruidosos.
El pecaminoso
vaivén se detuvo en seco cuando logró hacerle correrse. Unos segundos después
salió de él y su agarre posesivo.
Agradecía el
respiro que le daba, estaba intentando recuperarse del orgasmo que había
tenido, aferrado a las sábanas trataba de calmar su ser.
--Después de
la ruptura, desapareciste… -Habló Kang Daesung.- Te busqué pero… no podía
encontrarte.
--¿C-Cuán..do…?
--¡Quería ser capaz de hablar bien!
--A partir del
día siguiente… hasta que tuve que ir a Tokio. –Susurró besando la espalda. Las
manos más dulces repartían caricias bondadosas.
--¿P-Por qué…?
--¿No es
obvio? –Besaba la espalda con ternura.- Te quiero de vuelta en mi vida. Quiero
estar en la tuya.
--Pa..sa-ron…
cuatro… años… tres meses… y… un día.
--Has llevado
la cuenta, también. –Le sintió sonreír sobre sus hombros.
--Te extrañé.
–Finalmente pudo decirlo. ¡Pudo!
--El día en
que casi impactamos… yo estaba feliz de verte, pero cuando huiste… me enojé.
--¿Por qué…?
--Porque no
tuve el valor para seguirte. Así que a partir de ese día, volví a ir a esa
avenida durante las madrugadas, esperando volver a verte. Volví a llamar a
viejos conocidos, pero ellos no me dijeron donde encontrarte porque te habías
mudado nuevamente, así como también cambiaste de número telefónico… me di
cuenta. Huías de mí. ¿Tan mal recuerdo dejé?
--Yo no sabía
que te extrañaba…hasta después de un mes. –Confesó avergonzado.- Esto jamás me
había sucedido antes. Estaba acostumbrado a las rupturas, a lo que nos pasó… no
entendía por qué te recordaba, por qué extrañaba tu cuerpo, por qué pensaba
tanto en ti. Demasiado tarde me di cuenta que estaba triste porque rompimos.
Todo era oscuro… cuando te volví a ver, tuve… miedo.
--¿Miedo?
--Miedo de que
no sintieras lo mismo que yo.
--Seung… ya
sabes ahora lo que siento por ti. –En ningún momento se detuvieron las caricias
y los besos gentiles.
--¿Y qué sigue
ahora?
--Déjame
entrar en ti y quedarme por tiempo indefinido. –Un ronco susurro deslizado por
su sensible oído.
--Ya sabes que
sí. –Dijo.
Antes de
siquiera percatarse, el moreno literalmente ingresó en él, se enterró con
ferocidad en su interior para volver a poseerlo con ímpetu.
Un gemido
ronco fue lo primero que salió de su boca.
--Te… lo…
tomas-te… muy… en-serio… ¡ngh!
--Era en todos
los sentidos, Seunghyun. En todos. –Gruñó insatisfecho.
--E-Está…
bien.
Y estaba bien,
realmente bien. Esa “hambre” (vacío) con forma de agujero negro en su pecho fue
colmado como debía serlo. Se desvaneció esa soledad y tristeza, pero existía la
desesperación… desesperación por tener más de ese hombre.
Definitivamente
la mañana siguiente despertará con “quién sea” (en ningún momento negó la
oportunidad a su ahora otra vez novio), en su lado de la cama. No, no sería el
primero en abrir los ojos, otra cosa que rememoraba era que el mayor le dejaba
demasiado exhausto. Pero definitivamente habría paz, y calidez.
Dejó de
pensar, pensar es malo para su integridad emocional… mejor se dedicó a sentir
cada roce, cada palabra cursi que brotaba de esa boca que malvadamente dejaba
sus firmas, sentir las manos posesivas aferradas a su ser. Se dedicó a sentir
esos sentimientos correspondidos que no alcanzaban a decir con palabras pero
que no se dudaba en mostrarse mutuamente. Definitivamente era amor.
Se vale otra
oportunidad ¿Cierto?
.
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.
.
FIN.
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NOTAS DEL AUTOR:
¿Qué tal les pareció? ¿Valió la pena? Este fic ya lo tenía terminado, sin embargo no tenía ni ánimos ni fecha para su publicación, así que agradezcan qu estaba aburrida y la laptop me llamaba porque andaba abandonada (y eso que en casa todos muerden por tenerla XD)
Como sea, espero sus comentarios, aunque sean chiquitos, ¿vale?
Nos leemos pronto!
^^
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